
Contrariamente a lo que suele ser habitual en mí, me he dedicado al best-seller comercial de “Cincuenta sombras de Grey”. No quiero hacerme la cultureta ni mucho menos, es que me da rabia estar leyendo algo que veo contínuamente en las manos de los demás. Eso me pasó con Millenium (y de hecho, no los leí). Y esta es mi opinión sobre el asunto.
Esto es, ni más ni menos, un libro que han estirado tanto, tanto, que se ha convertido en tres libros gordos. Y lo han engordado a polvos, ni más ni menos. Discúlpeseme por lo soez, cualquiera que lea el libro lo entenderá. Los hay de todo tipo, desde amorosos hasta la insinuación del vicio, sin que al final trasluzca en demasía, que igual la sociedad se escandaliza. Lo que es escandaloso es la publicidad que se le da (una apología del sadomasoquismo, que le llaman). Mentira podrida. Lo más han sido cuatro cachetes (y la que se armó por ellos…)
Cierto es que el primer libro me enganchó bastante, y lo leí en tiempo récord. Por ese entonces parecía que prometía más de lo que fue al final, y la novedad intrínseca del sexo voluptuoso contado una y otra vez era, efectivamente, novedosa. Pero al final tanto es, que cansa (y de hecho en el tercer libro ya me saltaba esas partes). A ello hay que sumarle las incontables muletillas que usa la autora hasta hacerse cansina, por ello es que propondría un juego de los de beber: un chupito por cada vez que leas “envoltorio plateado” (preservativo), “dios griego”, “uau” (hasta la náusea)”, “torbellino que me arrastra” (y variantes)… Al final Dan Brown era un escritorazo injustamente menospreciado.
Otra cosa más. Analicemos a la prota, y su historia. Una chica que se cree fea y que llega a un sitio, y se descubre que, además de su contraparte masculina (que está rematadamente bueno, faltaría plus, y forradísimo por añadidura), tooooooodos los que la conocen están enamorados de ella. Viven una historia de amor electrizante, y hay peligros de los que se quieren cargar a la prota, la cual no hace ni puñetero caso al sobreprotector contraparte y con su encantadora torpeza encandila al lector. Y en una ruptura demuestra su fortaleza e independencia como mujer encerrándose en casa, dejando de comer y siendo, en resumen, una sombra de sí misma. ¿Les suena esta historia? ¡Añádanle un vampiro que brilla y tenemos ya Crepúsculo! No me extraña que Kristen Stewart haya sonado para la versión en el cine de la película. Qué fijación, por dios. Soy tan guapa (sin ser consciente de ello), y tengo tantos problemas, y todos van tras de mí, pero oooohhh Edward (perdón, “uau Christian“). La diferencia estriba en que a esta buena mujer se la tiran incansablemente (y como no podía ser de otra manera, descubre el amor verdadero y el multiorgasmo de la que va). Con Taylor Laurent en el papel de José Rodríguez, amigo multirracial pagafantas y buenazo por lo demás. Y si no, al tiempo.
Total, que el argumento podía haberse resumido en una sola novela, qué tanto amor y perversión y tanta milonga. Es un libro entretenido (insisto, el primero especialmente… luego desluce) y para no tener demasiadas ganas de pensar. Un seis y medio.
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