Cosas veredes

Un día de repente me dieron un busca. Y así me ha ido

El espejismo de los números

Si hay algo que aprendo aquí, es acerca del trato con el paciente. Hoy quiero compartir, de la manera más fidedigna posible, las palabras de hace un par de días del excelente, maravilloso y gran persona en general dr. Barbera cuando le preguntaron por la probabilidad de curar un cáncer recién diagnosticado

Cuando alguien me pregunta por las tasas de supervivencia, acostumbro a contarles siempre la misma historia. En un tipo de cáncer de tiroides, cuando afecta a mujeres jóvenes, la tasa de curación es del 99%. Esto quiere decir que de cada 100 pacientes con él, hay 99 que logran curarse, y una que no. A la que no lo consigue le da exactamente igual que el resto sí lo hayan logrado, porque su caso, por el motivo que sea, es diferente.

Pasa lo contrario con uno de los tumores de páncreas: con un 10% de curación, implica que el 90% no lo consiguen. Esos diez no van a plantearse por qué ellos sí lo han logrado. Sencillamente son felices de seguir con vida lejos del cáncer.

Las tasas solamente nos son útiles para comparar. Si un tratamiento A cura al 75% de los pacientes, y un tratamiento B cura al 40% del mismo tipo de pacientes, deduciremos entonces que es mejor aplicar el tratamiento A que el B.

El resto son solo números. Y no debemos basar nuestra vida en ellos

Simiocracia o “todos tontos”

Tras las Cincuenta milongas de Grey, tocó leerme otro libro, recomendado por un compañero y amigo del hospital: Simiocracia, de Aleix Saló.  Ya había visto por las librerías otras obras suyas, entre las que destacaba Españistán. Dado el populismo que hay con este asunto de la crisis, y el oportunismo literario con ello (ahora va a resultar que todo el mundo sabía la tira, pero no dijeron nada), nunca me había parado con ese libro en cuestión. Pero la persona que me lo recomendó era coherente así que decidí darle una oportunidad.

Simiocracia no es un cómic en sí, sino un texto rápido y sencillo de leer, acompañado de viñetas. Que nadie se espere una reflexión profunda y propedéutica del asunto, porque no lo es. Pero tampoco cae en el paradigma del absurdo, sencillamente presenta una serie de hechos y reflexiones sobre ello. Reflexiones que algunos ya tenemos, porque parten del sentido común. Pero hasta hacen gracia y todo (reírnos de la situación por no llorar).

El tema principal del asunto es que con todo lo que está pasando, que podría haberse previsto y no se hizo, que es fácil de explicar con un ejemplo de viejas de barrio, es que al final estamos pagando el pato y no ha pasado nada. Nada de nada. Destaparon secretos vergonzosos de gobiernos, vemos la corrupción a diario… y nos hemos acostumbrado a ello, como quien ve llover. A ello nos quiere llevar Simiocracia, a que nos han tratado como si fuésemos monos, y nos dejamos.

¿Recordáis aquella campaña del gobierno de ZP de “Sólo con condón”? Albert Monteys (en El Jueves) hizo unas viñetas acerca del asunto. Y nunca tuvo más razón. Nos tienen a todos  por tontos. Todos. Como monos.

Protestar: ¡Qué palabra!

Fuente: 20minutos.es

Son tiempos muy convulsos para sanidad pública. Mucho. A las huelgas de personal sanitario de Andalucía y Asturias hay que sumar ahora además el encierro en varios hospitales de Madrid. No solamente el asunto no pinta mucho a mejora, sino que me atrevería a decir que las cosas empeorarán bastante antes de cambiar un mínimo.

Las protestas, a mi punto de ver, están más que justificadas, aunque ya dedicaré otro post al asunto. Realmente  el mundo sanitario ha sufrido (y sufre) grandes palos con la excusa de esto de la crisis, aunque hay opiniones para todo. Llegará.

De lo que va el post de hoy es de protestar en sí. Protestar es un derecho. Ponerse de huelga es un derecho. Una página de uno de los sindicatos médicos a las claras lo recoge: Ejerce tu derecho a la huelga si lo consideras conveniente. Puedes no hacerlo, como es lógico, porque no estés de acuerdo con el día, con las maneras, por motivos religiosos o porque te dan miedo las cosas que comienzan por la letra H. Por lo que te dé la santa gana. Pero eso no implica que estés en desacuerdo con el que haya una protesta. Hay otras maneras de hacer las cosas además de la huelga, aunque ésta sea una de las más efectivas (porque todos sabemos que si el trabajo de uno a veces solo brilla cuando deja de hacerse).

Otra cosa que nada ni nadie puede hacer (porque es ilegal) es forzarte en cualquiera de los dos sentidos. Un trabajador tiene que ser completamente libre de hacer lo que quiera. Pero ¡ay amigo! el problema surge en ir contracorriente, especialmente si uno quiere trabajar y el resto van a secundar el asunto. Ahí hay que armarse de determinación y prepararse para escuchar de todo (y prácticamente nada bueno). Nadie quiere estar en huelga, porque sale perdiendo; y a quien no lo hace se le tacha pronto de egoísta e insolidario. Como si estuviese de acuerdo con el sistema.

Desde aquí en Wonderland todo se ve más fácil, y es sencillo opinar, aunque vi la primera parte de la situación durante el mes de octubre. Un consejo que doy es ganarse el respeto: siempre hay alguien que saca fotos en estos eventos (aunque llevarse la cámara a cada uno queda un poco guiri, la verdad); así que si lo que estás haciendo es quejarte, porque la situación lo merece, porque pisotean tus derechos, da esa imagen. Fotos de gente sonriente con pancartas banalizan la situación y dan una imagen nefasta. Las he visto en redes sociales y queda mal. Muy mal. No nos pongamos en el otro punto, no es necesario que llores ni te flageles. Pero piensa que la situación es lo bastante mala como para que la gente esté perdiendo dinero por ello.

Otra cosa que es curiosa es la gente que solamente secunda la huelga los viernes (o los lunes). ¿Por qué es más importante un viernes que un jueves? Tendrás tus motivos y no me meto. Pero si se convoca huelga todo un mes y solamente la secundas los viernes, es un poco raro.

Hacer huelga es una situación fea para todos: para el que la hace (porque pierde), para el que la padece, para el que no la hace (por la incomprensión que le rodea, aparte del más que probable malestar por sentirse fuera de sitio)

Buena suerte y todo mi apoyo desde la distancia. Haced que esto valga la pena.

Protestar

(Del lat. protestāri).

1. tr. Declarar o proclamar un propósito.

2. tr. Confesar públicamente la fe y creencia que alguien profesa y en que desea vivir.

3. tr. Com. Hacer el protesto de una letra de cambio.

4. intr. Dicho de una persona: Expresar impetuosamente su queja o disconformidad.

5. intr. Aseverar con ahínco y con firmeza. Protestar DE su honor.

6. intr. Expresar la oposición a alguien o a algo. Protestar CONTRA una injusticia.

Cincuenta sombras de Crepúsculo (y otras memeces)

Contrariamente a lo que suele ser habitual en mí, me he dedicado al best-seller comercial de “Cincuenta sombras de Grey”. No quiero hacerme la cultureta ni mucho menos, es que me da rabia estar leyendo algo que veo contínuamente en las manos de los demás. Eso me pasó con Millenium (y de hecho, no los leí). Y esta es mi opinión sobre el asunto.

Esto es, ni más ni menos, un libro que han estirado tanto, tanto, que se ha convertido en tres libros gordos. Y lo han engordado a polvos, ni más ni menos. Discúlpeseme por lo soez, cualquiera que lea el libro lo entenderá. Los hay de todo tipo, desde amorosos hasta la insinuación del vicio, sin que al final trasluzca en demasía, que igual la sociedad se escandaliza. Lo que es escandaloso es la publicidad que se le da (una apología del sadomasoquismo, que le llaman). Mentira podrida. Lo más han sido cuatro cachetes (y la que se armó por ellos…)

Cierto es que el primer libro me enganchó bastante, y lo leí en tiempo récord. Por ese entonces parecía que prometía más de lo que fue al final, y la novedad intrínseca del sexo voluptuoso contado una y otra vez era, efectivamente, novedosa. Pero al final tanto es, que cansa (y de hecho en el tercer libro ya me saltaba esas partes). A ello hay que sumarle las incontables muletillas que usa la autora hasta hacerse cansina, por ello es que propondría un juego de los de beber: un chupito por cada vez que leas “envoltorio plateado” (preservativo), “dios griego”, “uau” (hasta la náusea)”, “torbellino que me arrastra” (y variantes)… Al final Dan Brown era un escritorazo injustamente menospreciado.

Otra cosa más. Analicemos a la prota, y su historia. Una chica que se cree fea y que llega a un sitio, y se descubre que, además de su contraparte masculina (que está rematadamente bueno, faltaría plus, y forradísimo por añadidura), tooooooodos los que la conocen están enamorados de ella. Viven una historia de amor electrizante, y hay peligros de los que se quieren cargar a la prota, la cual no hace ni puñetero caso al sobreprotector contraparte y con su encantadora torpeza encandila al lector. Y en una ruptura demuestra su fortaleza e independencia como mujer encerrándose en casa, dejando de comer y siendo, en resumen, una sombra de sí misma. ¿Les suena esta historia? ¡Añádanle un vampiro que brilla y tenemos ya Crepúsculo! No me extraña que Kristen Stewart haya sonado para la versión en el cine de la película. Qué fijación, por dios. Soy tan guapa (sin ser consciente de ello), y tengo tantos problemas, y todos van tras de mí, pero oooohhh Edward (perdón, “uau Christian“). La diferencia estriba en que a esta buena mujer se la tiran incansablemente (y como no podía ser de otra manera, descubre el amor verdadero y el multiorgasmo de la que va). Con Taylor Laurent en el papel de José Rodríguez, amigo multirracial pagafantas y buenazo por lo demás. Y si no, al tiempo.

Total, que el argumento podía haberse resumido en una sola novela, qué tanto amor y perversión y tanta milonga. Es un libro entretenido (insisto, el primero especialmente… luego desluce) y para no tener demasiadas ganas de pensar. Un seis y medio.

Día de estreno

Tocó por fin la gran gala de estreno de la doctora Lestrange en la MD Anderson Cancer Center. Huelga decir que el día anterior fue un día de nervios, de qué voy a hacer, de a ver si quedo bien, mal o a medio camino. De cómo será la gente.

Y allá que me fui. Llegué demasiado pronto (bien), y estuve esperando una media hora en el despacho de la secretaria, que era una señora muy muy maja que solamente conocía por mail y tuvo a bien agarrarse un gripazo los dos días que fui a presentarme anteriormente. Y allí me tenía la buena mujer un welcome pack preparado, con sus instrucciones, sus mapas y sus fiestas de guardar. Me avisó además de la existencia del puente del Thanksgiving, y que si quería entonces en esa semana podía irme a casa. Qué va, si después me voy para Los Ángeles. Además ya tendré por aquí a Cisplatino, y vamos a ir al teatro a ver una de Dickens, y todo. Que somos gente muy formal.

Y hora de aventuras llegó, y me encaminé a buscar a mi inestimable doctor. Me recibió una nurse con cara de haber visto muchos rotantes y pocos simpáticos. Bueno. Al rato llegó, efectivamente, mi adjunto, que viene de Ohio y se autodenomina Gringo. Que si yo era de las Rías Bajas (pronunciado así de aquella manera). Casi, casi. Muy majete todo él eso sí. Me presentó entonces al rotante chino que llevan teniendo unos diez meses allí, a su fellow y a su physician assistant, que no tengo demasiado claro el concepto que conlleva pero yo lo veo todo como sus residentes particulares. La physician assistant es un amor de chica que se llama Lizzy, y de vez en cuando incluye palabras en español así porque sí. Y la veo tan dulce, y tan estupenda en todo, y tan apañada, que la envidio y admiro; porque de vez en cuando me gustaría ser un poco más como ella y un poco menos la fan de los chistes de Dolan (una versión absurda e hijoputesca del pato Donald).

Luego llegó el momento de ir a ver a los pacientes, que tanto Lizzy como Chang (el fellow) veían para luego ir junto con Dr. Gringo a verlos. La gente adora al Dr. Gringo, y es normal. No solamente explica las cosas directamente, sin andarse con rodeos, sino que además de al paciente trata a la persona. Habrá quien me dice que es lo normal. Bueno, yo no se lo he visto hacer a tanta gente. Se sienta junto a ellos, explica y consuela. Las señoras le besan y abrazan. Consuela a familiares abatidos por la irresolubilidad del problema. Y le cuentan sus otros problemas: la hija que falleció, la familiar enferma. Y él escucha, igual de atento que como cuando le cuentan lo bien que va la herida o cómo degluten tras la cirugía. Escucha, y comprende y consuela. Ojalá lo viese más a menudo.

Ojalá aprenda yo de esta rotación no solo lo científico, sino lo humano; y algún día lo pueda transmitir a los infelices estudiantes y residentes que roten conmigo.

El blog de la Doctora Jomeini

Hoy sale en papel (aunque hace varios días salió en formato electrónico) la primera novela de Ana González Duque, esa que todos conocemos como La Doctora Jomeini. Yo, que descubrí su blog hace un añito y algo ya, no puedo dejar de morirme de envidia por los que lo podáis tener ya en vuestras manos, aunque espero encarecidamente que mi estimado y queridísimo oncólogo particular me haga entrega del mismo cuando me venga a ver a Wonderland.

Para los que no la conozcáis, no veréis la vida igual sin Susanita y el Terro, sin las cosas que dicen las abuelas antes de dormirse, y sin todas esas anécdotas de hospital que durante años Ana nos ha regalado en su blog.

Por eso estamos todos tan en pie de spam con el hashtag #Jomeini y por supuesto #Jomeiniday.

Porque cuando se hace de cosas buenas, el spam no es spam.

En el País de las Maravillas

Oh, Alice, dear where have you been?
So near, so far or in between?
What have you heard what have you seen?
Alice, Alice, please, Alice!

Oh, tell us are you big or small
To try this one or try them all
Its such a long, long way to fall
Alice, Alice, oh, Alice

How can you know this way not that?
You choose the door you choose the path
Perhaps you should be coming back
Another day, another day

And nothing is quite what is seems
Youre dreaming are you dreaming, oh, Alice?
(Oh, how will you find your way? Oh, how will you find your way?)
(There’s no time for tears today. There’s no time for tears today.)

So many doors how did you choose?
So much to gain so much to lose
So many things got in your way
No time today, no time today
Be careful not to lose your head
Just think of what the doormouse said
Alice!

Did someone pull you by the hand?
How many miles to Wonderland?
Please tell us so well understand
Alice Alice Oh, Alice

(Oh how will you find you way? Oh, how will you find you way?)

De gira

Al final resultó que sí que era verdad eso de que me iba a rotar por Estados Unidos, por mucho que mi cabeza se empeñase en decirme que seguramente eran imaginaciones mías. Y se me hace raro.

El viaje en avión es cansado, como es lógico, por mucho que se vuele en un avión de dos pisos, sestee y me zampe toda la comida que me han puesto. Debieron verme con hambre o algo, porque fue un sin parar. Bien.

Durante todo el tiempo del vuelo, me estuve preparando las frases de la aduana, que mucha gente me recordó una y otra vez que son muy minuciosos con a qué vas y para qué y etc etc etc. Total, que yo traía aprendido, para repetir como una cacatúa, que era una “visiting physician” y que la última semana de diciembre era “for holidays”. Y me tocó un oficial en la aduana que se daba un aire a Freddie Mercury, me hizo un par de gracietas en español latino (sin serlo) y me dijo que me fuese bien allá donde vaya. Y yo, que me traía hasta las cartas de aceptación de los dos hospitales en el bolsillo, que me había aprendido el otro rollo macabeo, me quedé patidifusa. Porque este hombre era tan majo que podía haberle contado que venía de volar el Parlamento, como V, que le caí en gracia. Bueno yo,  y mi despiste con la toma de las huellas dactilares, y con la foto que te hacen para entrar en el país. Debo tener una cara gloriosa.

De la ciudad me sorprende la ingente cantidad de carreteras y la poca vida que veo alrededor, aunque no he explorado mucho. El Medical Center no es, como yo pensaba, la MD Anderson, la Universidad de Texas y poco más, sino un enorme complejo que abarca una cantidad tremebunda de hospitales, de los que me llaman la atención los que tienen implicaciones religiosas, como el Metodista.

Y hoy he hecho una pequeña incursión por los alrededores, descubriendo, para mi sorpresa, que en cuanto me salgo de las proximidades del Medical Center todo es de pronto más estilo Wisteria Lane, con sus viviendas unifamiliares y sus jardincillos, y algún que otro centro comercial al que, naturalmente, van en coche. Porque no he visto ni a Perry el ornitorrinco caminando por la calle. Todo muy raro.

Mañana tocará por una parte exploración del Medical Center en sí (y averiguar dónde tengo que ir el día 1), y quizás caminar en la dirección opuesta de la calle. A ver si al menos encuentro un cine, o algo, que estrenan Skyfall.

More news soon.

[En la foto, las vistas desde mi ventana, con todos los edificios dedicados a la sanidad.]Imagen

Autocompasión

No es ningún secreto que la semana pasada tuvimos el Congreso Nacional de la especialidad. Fueron cuatro días verdaderamente intensos (más aún si tenemos en cuenta que venía de un curso en Barcelona), en los que supimos alternar, creo que con bastante acierto, lo científico con lo lúdico, y personalmente he aprendido bastantes cosas.

Pero no voy a hablar de ciencia ahora mismo.

Algo que me llamó poderosamente la atención  fue la cantidad de gente conocida que, al venir a saludarme, nos miraban con cara de cena-condolencias para decirnos “Ya nos han comentado X e Y cómo está todo… ¿tú como lo llevas?”. Pensé que era cosa mía, que rara soy un rato, pero al comentármelo también mis R pequeños ya me di cuenta de que no. El asunto, y en lo que me dio que pensar, es cómo la gente se envuelve en su halo de negatividad y puede transmitírselo a terceros, de tal manera que te hagan sentir como si estuvieses en tu propio funeral sin que yo tenga la sensación intrínseca de que ocurra.

El futuro es algo que nos preocupa a todos. Espero no mutar en Enero o cuando se acerque la fecha, pero a día de hoy mi cabeza me sigue diciendo que algo habrá en algún lado, que la mayor parte de la gente que conozco está trabajando con mejores o peores condiciones. Porque llorar e inspirar lástima ajena no sirve para nada más que para satisfacer tu propio círculo de autocompasión. Y al resto, tampoco nos ayuda.

Claro que lo mismo voy a ser yo, que soy una inconsciente…

En ocasiones leo libros (I)

La lectura ha sido desde siempre una de mis grandes aficiones, aunque a veces no le dedique todo el tiempo que me gustaría, por falta o por pereza. Entre los géneros a los que más me doy se encuentra la literatura de ficción-terror, como Edgar Allan Poe y últimamente H.P. Lovecraft.

Entre los libros publicados por este último, destaca por el aura creada alrededor La llamada de Cthulhu. La historia en sí, y los múltiples relatos de diversos autores que componen los mitos de Cthulu tienen, a pesar de las diferentes épocas y autorías, un hilo conductor común: un horror que jamás es descrito más que de forma vaga y a través de estatuas antiguas y palabras en idioma desconocido (Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn, que viene a ser “En la Ciudad de R´lyeh, el difunto Cthulhu, espera soñando”). Esas palabras que nadie está seguro de poder pronunciar, esa vaguedad en la descripción del mal antiguo, llegan a veces a crear una angustia auténtica al leer, más que libros explícitos de terror. Porque mientras estás con los relatos sabes que el hedor y la sensación de repulsión que experimentan los protagonistas precede a revelaciones aterradoras o un desastroso final (y la mayor parte de los mitos está escrita en forma de diario). En todos ellos es fácil además encontrar elementos comunes que ayudan a seguir la narración y dotan de cierta veracidad y consistencia al conjunto completo, como son la Universidad Miskatonic, la ciudad de Arkham (nombre que se empleó en Batman para el sanatorio mental, en homenaje a Lovecraft) y libros como el Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred.

Ahora mismo, tras haberme leído los dos tomos de los mitos publicados por Valdemar (que es la única manera de no comprar cuatro libros con cuentos repetidos, como me pasó con Poe) sigo con otra de sus obras, de la que dicen es la mejor: En las montañas de la locura. Por el momento solamente me he leído el primer capítulo, pero la intuición me dice que el hecho de que los dos barcos de la expedición se llamen Arkham y Miskatonic no presagia nada bueno.

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